El largo adiós. El íntegro detective Philip Marlowe

El largo adiós. El íntegro detective Philip Marlowe

Ya lo decía el escritor y guionista de novelas policíacas Jim Thompson: «Hay treinta y dos maneras de contar una historia y yo las he usado todas, pero sólo hay una trama: las cosas no son lo que parecen». Esta frase resume el proceso básico de creación de una obra del género policíaco en la que, en el caso de El largo adiós (The long goodbye, 1951), de Raymond Chandler (Chicago, 1888 – La Jolla, California, 1959), el íntegro detective Philip Marlowe resolverá un caso, encanjando las piezas de su investigación como si de un rompecabezas se tratara. La novela comienza con la ayuda brindada por Philip Marlowe a Terry Lennox, quien logra escapar a México, y el posterior descubrimiento de que quizás Marlowe ha facilitado la huida de un asesino. Por ello será detenido.

A partir de aquí, entraremos en contacto con el ambiente policial, violento y corrupto, dentro de un sistema que «permite meter a una persona en una celda porque un polizonte no consiguió que le respondieran a una pregunta», en el que la policía muestra una actitud constantemente abusiva con los detenidos.

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Dicha actitud del cuerpo de policía contrastará con la integridad de Philip Marlowe, quien «no quiere salir bajo fianza para que sus clientes sigan confiando en él» y el cual se dejará golpear por la policía con total afabilidad para no caer en la tentación de reaccionar como ellos, aunque realmente tuviera ganas de hacerlo. A partir de aquí, se sucederán una serie de hechos que llevarán al detective a relacionarse con el mundo rico y corrupto de Idle Valley en Nevada, donde los coches Rolls Royce de los ricos contrastan con el Oldsmobile del detective. Como apunta Roberto Bartual Moreno, profesor de Filología Inglesa de la Universidad de Valladolid, las novelas policíacas estadounidenses, como El largo adiós o El halcón maltés (Dashiell Hammett, 1930), tienen en común que la resolución del caso está conectada con la realidad detectivesca y, en palabras del propio Chandler, «Hammett devolvió el crimen a la clase de gente que suele cometerlo por razones reales y no sólo para proporcionarle al escritor un cadáver; y, que además, lo cometen con los medios disponibles al alcance de la mano: nada de pistolas de duelo, curare o peces tropicales» (Chandler, 1950, 27). En este sentido, Chandler criticaba sobre todo a escritores como Agatha Christie o Arthur Conan Doyle el hecho de que sus obras presentaban «ficciones puramente fantásticas y sin ninguna conexión con el mundo real» (Bartual, 2007, 100).

Este tipo de novelas, siguiendo al profesor Bartual, se han denominado hard-boiled a partir de una serie de narraciones policíacas que se publicaron en la revista estadounidense Black Mask entre 1920 y 1951 y que tenían en común «la narración en primera persona, el lenguaje duro, el uso de un argot callejero, un cinismo profundo en el carácter de un detective protagonista que está de vuelta de todo, pérdida de importancia del proceso de identificación del culpable y unos rasgos estoicos y, a veces, nihilistas en la filosofía vital del detective» (Bartual, 2007, 98).En este tipo de novelas también aparecen arquetipos femeninos, con mujeres fatales, rubias y bellas, según el «canon de belleza femenina marcado por los “pin-ups” de las revistas masculinas» (Bartual, 2007, 102) y respuestas misóginas que los detectives replican a los personajes femeninos. Pero también destaca el interés de sus autores en mostrar las precarias condiciones laborales del detective que contrasta con el derroche de ocio y lujos de sus clientes. El periodista chileno de la Universidad Católica del Norte, Cristián Brito, hace un estudio del género negro y su gestación anglosajona. Este autor explica que «existe una confusión entre los adjetivos “negro” y “policíaco” y que, lo que precisamente los diferencia es que en el género negro hay una importante carga de crítica social y política en todo cuanto se describe en la novela, algo que no siempre se incluye en las novelas policíacas y que nunca aparece en las obras de Agatha Christie, por ejemplo.

La magistral ambientación de la novela que te seduce y atrapa consigue envolverte y trasladarte a un escenario que hemos visto muchas veces en las películas clásicas estadounidenses de los años 50, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall a la cabeza. El personaje de Marlowe, con frases que sentencian y su tono irónico, pero en el fondo sensato, la calidad literaria de la narración, alejada de las novelas vulgares de detectives y la crítica social con aspectos psicológicos, convierten El largo adiós en una novela imprescindible dentro de este género que, según Bharat Tandon, profesor del Jesus College de Cambridge y colaborador del Times y del Daily Telegraph, es «el mejor logro» de Chandler y la novela que «abrió la puerta a la vuelta del género policíaco hacia propósitos literarios más serios y resonantes».

BIBLIOGRAFÍA:

Bartual, R. (2007): La novela policíaca: ficción detectivesca y hard-boiled. El modelo norteamericano como transgresor de la norma inglesa. Despalabro: Ensayos de Humanidades, núm. 1, 97 – 107.

Chandler, R. (1950): The Simple Art of Murder. Nueva York: Houghton Mifflin.

Chandler, R. (1953): El largo adiós. Barcelona: Debolsillo.

Tharon, B. (2006): El largo adiós. En 1001 libros que hay que leer antes de morir. Barcelona: Penguin Random House.

Imágenes extraídas de Wikipedia (portada), El País (Humphrey Bogart y Lauren Bacall mirando por la ventana), La Vanguardia (Raymond Chandler), el blog Meriendalibros (Bogart como Marlowe), Espinof (Humphrey Bogart) y el Diario de Sevilla (Humprhrey Bogart y Lauren Bacall).

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