Museo casa natal de Miguel de Cervantes

Museo casa natal de Miguel de Cervantes

El museo de Miguel de Cervantes se encuentra en la calle Mayor de Alcalá de Henares, en pleno casco histórico de la ciudad, junto al Hospital de Antezana donde trabajó Rodrigo de Cervantes, padre del escritor. Se ubica donde, según el investigador de Cervantes, Luis Astrana Marín, estaba su casa familiar. Fue inaugurado en 1956 como museo y biblioteca cervantina. En ella existen diversas estancias que recrean las costumbres de los siglos XVI y XVII y es un centro cultural activo en la programación de actividades, como talleres infantiles y juveniles, visitas temáticas, espectáculos teatrales y musicales, conferencias, etc.

La casa consta de:

  • El patio: patio central, elemento característico alcalaíno que deriva de las construcciones romanas e islámicas. Ocho columnas de granito y piedra calcárea con capiteles corintios forman el pórtico de la galería inferior, mientras que la superior está sustentada por pilares de madera y recorrida por una balaustrada del mismo material. Los soportes primitivos de este patio, antes de la restauración de 1956, eran de madera. En uno de los ángulos se conserva el pozo original de la casa, de piedra, en forma octogonal.
  • La sala para comer: En las casas del Siglo de Oro español no existía un lugar especialmente determinado para el comedor, sino que las mesas se colocaban en los espacios de la tertulia, retirándose al finalizar la comida. Casi todos los alimentos se tomaban con los dedos, siendo la cuchara el utensilio básico, de modo que en las casas nobles, tras servirse los postres, entraban los sirvientes con jofainas, agua olorosa y toallas para que los comensales pudieran lavarse las manos. La estancia se ha ambientado con una serie de objetos de los siglos XVI y XVII: la gran mesa, en la que se disponen dos bodegones de frutas y hojas secas, los pequeños escritorios y arquetas o los candiles y candelabros. Tras la reforma efectuada en el museo, se incorporó un paño de azulejos que reproduce motivos escurialenses, dotando a la casa de un elemento decorativo habitual en las casas de la época. La amplia alacena de tipo mudéjar, muy representativa del mobiliario popular, ha sido restaurada y acondicionada para albergar la rica vajilla talaverana de los siglos XVI y XVII y las lozas de Villafeliche (Aragón) y Manises (Valencia).
  • La cocina: La cocina era en el Siglo del Oro un lugar de reunión de las familias, con bodegones de frutas y verduras, tarros con especias, tan utilizadas en la cocina mediterránea e islámica, sacos con semillas, hierbas aromáticas, como el perejil o la hierbabuena, frutos secos, platos, vajilla y todo el instrumental convenientemente atrezado y dispuesto para ser utilizado por los habitantes de la casa. Tiene una gran chimenea de lumbre baja de la que pende una gruesa cadena con un caldero de cobre. Para sujetar los recipientes sobre el fuego se usaban las trébedes, utensilios de hierro en forma de aro o triángulo que apoya en tres pies. Una gran tinaja de barro, situada en uno de los extremos, contenía el agua que las mujeres de la casa extraían del pozo del patio. Una gran variedad de útiles de equipamiento doméstico de todo tipo y material están distribuidos por esta sala: calderos, cántaros, sartenes, cazos, almireces, cuencos y platos, cuyo uso, muy arraigado en esta zona castellana, ha pervivido en algunas áreas rurales casi hasta nuestros días..
  • La sala: esta estancia recrea la sala noble, o de los ricos que pretenden ser nobles, donde se mantiene la costumbre medieval de reservar un asiento para el personaje de mayor rango. Se amuebla con sillas de brazos, hoy más conocidas como sillones fraileros debido a su pervivencia en ámbitos eclesiásticos hasta épocas recientes. Estas sillas, introducidas en España durante el siglo XVI, se colocaban a intervalos regulares contra la pared y suelen ser de madera con el respaldo, de cuero o tejido, sujeto mediante clavazón metálica. También forman parte del mobiliario de las salas los bufetes -mesas con fiadores- que se solían cubrir con telas de terciopelo o damascos y se conocen como bufetillos de estrado si son de pequeño tamaño. Asimismo, los braseros, el medio para calentar las habitaciones a través de las brasas o ascuas que en ellos se disponían; para combatir el olor de la combustión, se quemaban también hierbas aromáticas y erraj, huesos de aceituna que, al arder, evitan que se produzca mal olor. La iluminación corre a cargo de un candelero de pie, de hierro, que reproduce modelos de la época. Era frecuente que las paredes de la planta baja de las casas ricas y nobles se tapizaran con guadamecíes durante el verano con el fin de impresionar a las visitas y proporcionar cierto aislamiento del calor exterior. Los guadamecíes son pieles de carnero curtidas y labradas cuyas decoraciones se realizaban mediante dorados o policromados o bien se dejaban en su color natural. En esta sala se exhiben varias colgaduras de piel gofrada, tratada artesanalmente con un dibujo repetitivo estampado al fuego, que reproducen un modelo del Museu de L´Art de la Pell de Vic (Barcelona), original del siglo XVI.
  • La botica o cámara de Rodrigo de Cervantes: El padre de Cervantes, Rodrigo, era, en palabras de la época, médico zurujano, oficio que estaba a medio camino entre el médico y el barbero, con la diferencia de que estos poseían instrucción teórica y conocimientos de anatomía y de medicina, por lo que se dedicaban a las operaciones de cierta envergadura. Los barberos, poco más que curanderos, realizaban básicamente curas de heridas y sangrías. Con respecto a ambos, el médico estaba en un nivel superior. Los objetos de esta sala representan los utensilios que usaban: material quirúrgico, tarros con hierbas, vasos de cristal tafetado, un alambique, etc. El sillón de madera para las actividades propias del cirujano ocupa el centro de la estancia y toma como modelo la silla de gota de Felipe II de El Escorial.
  • Varias alcobas femeninas: esta estancia hace referencia a la infancia del escritor, con los lechos o catres de sus hermanos. Los niños solían estar en casa hasta los seis años, edad en que comenzaba su educación. La alfabetización era muy escasa sobre todo entre las mujeres. La sala recrea el espacio que compartían los infantes con sus dueñas, ambientado mediante objetos religiosos, de mobiliario o de iluminación.
  • La alcoba del caballero: recrea la sala de la persona que detentaba la autoridad de la familia, el abuelo del escritor, el licenciado en leyes Juan de Cervantes que, en 1538, partió a Córdoba abandonando a su esposa. El padre del escritor, Rodrigo de Cervantes, intentaría salir adelante con su mal remunerado trabajo, convertido ya en padre de familia numerosa. Las camas solían tener un bastidor o lecho de madera, grandes cabeceros y columnas o pilares para los cortinajes y doseles. El elemento más decorado, a base de arquillos y balaustres, es el cabecero. Arcas y baúles, los muebles más abundantes a principios del siglo XVI en España, se disponen en esta sala junto a un mueble muy característico de la época de Cervantes: el escritorio. También denominado bargueño o papelera, el escritorio servía para contener escrituras y documentos; se caracteriza por su estructura prismática provista de cajones y gavetas con sus llaves, con o sin tapa abatible que, si existe, lleva su propia cerradura; presenta múltiples decoraciones, puertecillas y cajones de la más variada composición. Los escritorios de esta estancia son del siglo XVI.
  • El estrado de las damas: es una habitación donde las damas se sentaban sobre almohadones para leer, interpretar música, realizar labores de aguja, rezar o charlar… El término estrado designa un sistema de amueblamiento de origen oriental en el que se cubrían suelos y paredes y se tomaba asiento en la postura turca de piernas cruzadas o recostándose en alfombras y almohadones. Las alfombras, esteras y braseros son igualmente característicos de estas estancias, en las cuales no hay muebles de asiento, excepto alguna banqueta para los caballeros, que accedían a este espacio femenino sólo si eran invitados. El torno de hilar, la vihuela de mano (que reproduce un modelo del siglo XVI) y los libros hacen referencia a las ocupaciones de las damas en estos espacios femeninos.
  • El aseo y tocador: el aseo o tocador ofrece el panorama que define la higiene del Siglo del Oro: perfumes, maquillajes, friegas y ungüentos eran ampliamente utilizados y su uso desplazaba al agua. La costumbre del baño no era nada habitual en la época de Cervantes; sin embargo, se apreciaba la ropa blanca (ropa interior) y mudarla era signo de limpieza. Esta ropa, junto con otras prendas, aparece dispuesta en el armario y distribuida por el resto de la sala.
  • La sala de exposiciones: en esta sala, el museo presenta una instalación escenográfica con los personajes, decorados y grabación dramatizada de uno de los pasajes más conocidos del Quijote, el Retablo de Maese Pedro (Quijote, II, cap. XXV y siguientes), en lo que constituye un homenaje al amor que sintió Miguel de Cervantes por el teatro de títeres.

 

Fuente: Museo Casa natal de Cervantes.

Post a Comment